Edad para Aprender

¿Qué edad necesita mi niño para aprender?

Cientificamente está comprobado que un bebé puede oír alrededor del séptimo mes del embarazo. Por lo que la estimulación antes del nacimiento ha demostrado un aumento en la inteligencia. Por ejemplo, tocar música clásica, hablar al bebé, usar una linterna para crear sombras de letras o números en el abdomen.

De acuerdo a mi experiencia personal he visto que un bebé de seis meses puede entender lo que las personas dicen y tiene un buen conocimiento del vocabulario antes de los doce meses. Cuando los padres platican frecuentemente con su bebé, están estimulando un desarrollo más rápido y saludable. Además, un bebé es capaz de identificar las voces de quienes lo cuidan y de reconocer enojo, temor o amor en la voz. Así como también es capaz de entender varios idiomas, aprenderlos sólo por escuchar y mantener conversaciones bilingües a muy temprana edad.

Es posible aumentar la inteligencia del bebé si usted le proporciona objetos variados en forma, color, textura, tamaño y sonidos además de leerle libros que estimulen la imaginación y el pensamiento abstracto. Debido a su corta edad, el bebé aprenderá más por repetición. por lo que es importante presentarle el mismo material en diferentes partes de la casa, principalmente en los lugares en lo que pasa más tiempo, tales como la recámara, la cocina, el saloncito de materiales. En cambio, si usted utiliza la televisión como niñera, corre el riesgo de disminuir la imaginación natural del niño, de influenciarlo con mensajes negativos y de hacerlo perezoso.

Otro tipo de ejercicio son los masajes físicos, los cuales no solo estimulan la motricidad y dan firmeza a los músculos sino que además al ir acompañadas de mensajes verbales incrementan su vocabulario y la buena relación entre la mamá (o papá) y el bebé. Por otra parte, la alimentación es un factor importante para el buen aprendizaje y desarrollo infantil. ¡Cuidado! con algunos alimentos que contienen gran cantidad de sal, azúcar, grasa animal y alcohol.

A cualquier edad se puede aprender. No importa si es demasiado joven o demasiado viejo. Cada persona es especial y diferente, siendo capaz de alcanzar logros antes de lo establecido o después. Así es que regirse por un estándar en la educación puede afectar la capacidad real del ser humano. "Escuela en el Hogar" ofrece la oportunidad de seguir el ritmo de su hijo y no el ritmo del programa.

   Acostumbra a tu niño desde muy temprano a consultar su razón, a hacer uso de ella antes de abandonarse a sus inclinaciones.
   Puedes perder tu esfuerzo y, lo que es más grave, perder el amor y el respeto de tu hijo, si otras personas le conceden lo que tú le has negado. Es preciso para prevenir este peligro, tomar todas las precauciones posibles, y también aquí vienen los criados a producirnos algún embarazo.
   Debemos deducir que ha de ponerse gran cuidado en formar el espíritu de los niños y darles preparación temprana que influirá en el resto de su vida; porque cuando obren bien o mal a su educación se dirigirá el elogio a la censura; y cuando cometan alguna falta, se les aplicará el dicho vulgar de que es consecuencia de su educación.
   La gran falta que he observado en el modo como las gentes educan a sus hijos, es la de que no han tenido bastante cuidado con ello en la ocasión oportuna; la de que no se sabe formar su espíritu en la disciplina, habituarlos a plegarse ante la razón en la edad en que son más tiernos, más flexibles.
   El pequeño debe saber dar golpes, decir injurias, debe dársele todo lo que pide a gritos y hacer lo que quiera; así los padres, halagando y mimando a los niños cuando son pequeños, corrompen en sus hijos los principios de la naturaleza y se lamentan luego al gustar las aguas amargas cuando son ellos los que han envenenado la fuente; en efecto, cuando crecen los niños, y con ellos sus malos hábitos; cuando son ya demasiado grandes para ser doblegados y los padres no pueden ya hacer de ellos sus juguetes, entonces no se oyen más que lamentos. Los padres los encuentran indóciles y perversos; les sorprende su terquedad; les aterran sus malas inclinaciones, que ellos mismos han infundido y fomentado, y entonces, quizás demasiado tarde, quisieran poder arrancar estas malas hierbas que han plantado con sus propios manos y que ahora han echado raíces demasiado profundas para que puedan ser fácilmente extirpadas. Si se ha acostumbrado, enefecto, al niño a hacer su voluntad en todas las cosas desde que estaba en mantillas, ¿por qué sorprende que desee y se esfuerce por hacer lo mismo cuando gaste pantalones. Claro está que, a medida que se aproxima a la edad del hombre, sus defectos tienen más relieve; de suerte que hay pocos padres bastante ciegos para dejar de percibirlos, pocos tan insensibles que no sientan los malos efectos de su indulgencia. El niño ha dominado la voluntad de su aya cuando aun no sabía hablar o andar, ha vencido a sus padres desde que supo vestirse, y, ¿por qué queréis que ahora, de pronto, domine sus caprichos y se doblegue ante la voluntad ajena? ¿Por qué ha de perder a los siete, a los catorce o a los veinte años el privilegio que la indulgencia de los padres le ha concedido durante tanto tiempo? Haced el ensayo con un perro, con un caballo o en cualquier otro animal, y veréis si es fácil desarraigar, cuando son grandes, los males y tenaces hábitos que contrajeron siendo pequeños. Y, sin embargo, ninguno de estos animales es tan voluntarioso, tan fogoso ni tan ávido de conquistar el gobierno de sí mismo y de los demás, como lo son las criaturas humanas.
   Somos, generalmente, lo bastante discretos para comenzar la educación de los animales cuando son jóvenes; para disciplinarlos pronto si queremos adaptarlos a nuestros propósitos. Sólo a nuestra prole olvidamos en este punto; y habiendo hecho de ellos niños malos, esperamos locamente que sean hombres buenos. Si es preciso dar al niño ciruelas, siempre que se le ocurra, más bien que dejarle gritar o desolarse, ¿cómo, cuando sea grande, ha de renunciar a obtener la misma satisfacción, cuando su deseo le arrastra al vino o a las mujeres? Estos son los objetos naturales de las inclinaciones de un joven en el mismo grado que las golosinas que pedía gritando cuando era chico; son los objetos naturales de los deseos del niño. El mal no es tener deseos apropiados a los gustos y a las ideas de cada edad; el mal es no saber someter estos deseos a las reglas y a las restricciones de la razón. La diferencia no consiste en tener o no tener pasiones, sino en poder o no gobernarse; contrariarse en su satisfacción. El no haya contraído el hábito de someter su voluntad a la razón de los demás cuando era joven, hallará gran trabajo en someter a su propia razón cuando tenga edad de hacer uso de ella. Y ¿qué hombre será un niño educado así? Es fácil preverlo.
   Los que pretendan gobernar a sus hijos deben comenzar, cuando son muy pequeños, por obtener de ellos una sumisión completa a la voluntad de sus padres. Si queréis tener un hijo que os obedezca, transcurrida la edad infantil, afirmad la autoridad paterna tan pronto como el niño sea capaz de sumisión y pueda comprender de quién depende. Si queréis que os tenga respeto, inculcadle este sentimiento desde la infancia, y, a medida que avance hacia la edad viril, admitidlo más íntimamente en vuestra familiaridad. De este modo tendréis un ser obediente (como conviene que lo sea) mientras sea niño, y amigo cariñoso cuando sea hombre. Porque, en mi opinión, es engañarse gravamente respecto de la conducta que debe observarse con los niños el mostrarse indulgente y familiar con ellos cuando son pequeños, y, por el contrario, ser severos y tenerlos a distancia cuando son mayores. La libertad y la complacencia no puedes ser buenas con los niños. Como les falta juicio, tienen necesidad de dirección y de disciplina. Por el contrario, una severidad imperiosa es una mala manera de conducirse con los hombres que tienen por sí mismos bastante razón para dirigirse, a menos que penséis tener hijos que, cuando crezcan, se cansen de vosotros, y se digan por lo bajo: Padre mío, ¿cuándo os moriréis? (Locke, John. Pensamientos Acerca de la Educación.)